Psicotécnicos: Testimonio de cinco conductores

Psicotécnicos: Testimonio de cinco conductores
  • Las consecuencias de no conducir correctamente pueden ser trágicas, pero no somos conscientes.

 

En 2018 hubo más de mil siniestros mortales en las carreteras, con casi 1.200 fallecidos. En muchos casos por infracciones viales muy graves que rompieron las vidas de muchas personas para siempre. Las vidas de víctimas inocentes que pasaban por allí; las de los conductores causantes de la tragedia; las de sus familiares… Las consecuencias: muertes, heridas graves, ingresos hospitalarios, tratamientos médicos, prisión, secuelas físicas, psicológicas, económicas… De por vida.

Para conocer cómo es la realidad de los penados por delitos viales, “Tráfico y Seguridad Vial” ha entrevistado a varios condenados a prisión por delitos contra la seguridad del tráfico. Todos ellos, en la treintena, tomaron malas decisiones al volante que arruinaron muchas vidas, en especial las de sus víctimas y las suyas propias. Algunos cumplen actualmente la parte final de sus condenas en régimen de libertad condicional (tercer grado) en el Centro de Inserción Social (CIS) Josefina Aldecoa en Navalcarnero (Madrid), donde les visitamos.

 

Perder el control.

En varias entrevistas conocemos, cara a cara, cómo un día perdieron el control sobre sus vidas. Y cómo luchan por recuperarlas. Encontramos a personas normales arrepentidas de lo que hicieron, algunas incluso traumatizadas, que no tenían ánimo de causar mal y que aprendieron, de la peor manera, el irreparable perjuicio que puede provocar una mala conducta al volante.
Sus gestos, sus silencios y su lenguaje corporal dicen tanto como las palabras. Dos de ellos han estado previamente en la cárcel hasta año y medio. Todos llevan al día la cuenta del tiempo que han pasado dentro de prisión y del que les falta para salir. Nos explican que en el CIS, en régimen de semilibertad, están mejor, con mayores posibilidades de reinserción: “La cárcel es otra historia, hay gente peligrosa, nada que ver con esto”, explica uno de ellos.

 

Todo al traste

En otra de las entrevistas, uno de los internos rompe a llorar rememorando sus últimos diez años de infierno personal, desde aquella maldita madrugada en la que, conduciendo ebrio, todo se fue al traste. Su peor momento fue cuando fueron a buscarle a su casa, después del juicio, para llevarle a la cárcel. “La vida de las personas que ingresan en prisión cambia del todo. Deben dejar a sus familias, sus amigos, sus trabajos… dejan de elegir muchas cosas del día a día”, apunta Jorge Prieto, psicólogo y subdirector de Tratamiento del CIS Josefina Aldecoa. Pero, ¿en qué momento una infracción vial se convierte en delito?

 

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