Psicotécnicos: La conducción autónoma no dejará fuera a motos ni bicicletas

Psicotécnicos: La conducción autónoma no dejará fuera a motos ni bicicletas

La conducción autónoma es uno de los grandes retos que vamos a afrontar durante la próxima década. La revolución del transporte que presenta afecta a todos los niveles de la automoción y, entre estos, a la seguridad vial. Según apuntan los expertos, esta tecnología está llamada a convertir la siniestralidad vial en excepción. Aunque esa gran meta está clara, por delante quedan muchos interrogantes sobre cómo se conseguirá, entre ellos, el papel que jugarán en la ecuación vehículos como las bicicletas o motocicletas.

¿Se integrarán motos y bicicletas en esa revolución o quedarán aisladas de un modo más pasivo? La tendencia actual invita a pensar lo primero. Y es que ya existen apuestas por dar con motocicletas y bicicletas autónomas. Ahora bien, su camino es muy diferente al del coche autónomo, tal y como marca el sentido de su conducción.

Los retos que se encontrará el coche autónomo en su ruta hacia el éxito están más o menos claros. Existe ya un itinerario oficial con las diferentes etapas que se han de alcanzar que conocemos como niveles de conducción autónoma, un principio de conciencia moral por desarrollar, la predisposición de las autoridades y las advertencias de algunos entes, y un empuje en la industria de la automoción jamás visto en su historia.

¿Tiene sentido que todos los vehículos sean autónomos?

motos autonomasEn el caso de motos y bicicletas autónomas el panorama cambia. Puede afirmarse que van tecnológicamente a remolque de los avances de los coches. Desde un punto de la seguridad vial, no podemos olvidar que se trata de colectivos más vulnerables que el del resto de vehículos. Por tanto, todo aporte tecnológico que pueda importarse hacia motocicletas y bicicletas puede ayudar a la consecución del Objetivo Cero.

Es más, si lo que se pretende es erradicar la siniestralidad, los sistemas de conducción autónoma aplicados tan solo al coche podrían no ser suficientes. De ahí parte otro de los grandes dilemas que se han de resolver. ¿Cómo afectará la conducción autónoma, no solo al coche, sino a todos los usuarios de la vía?

Claro que, no se puede olvidar que la naturaleza de motos y bicicletas es diferente a la del resto de vehículos. Y es que a su función de transporte se le añade el de suponer una experiencia diferente de movilidad que muchos encuentran insustituible. ¿Tendría cabida la conducción autónoma en este contexto?

Bicicletas autónomas, ¿estamos de broma?

motos autonomasComo decimos, los proyectos que funden ciclismo y conducción autónoma son todavía muy prematuros. Sin embargo, existe algún avance, más que curioso, en este terreno. El añado pasado, Google gastaba una broma a los medios de comunicación holandeses con motivo del día de los inocentes allí. Anunciaban la puesta a punto de un modelo de bicicleta autónoma, en una campaña aderezada con todo tipo de detalles, material audiovisual incluido. Aunque se trataba de una broma, los medios mordieron el anzuelo.

Más allá de este experimento social de Google, sí que se están dando los primeros pasos hacia la consecución de bicicletas autónomas. Un buen ejemplo son los esfuerzos que está dedicando una compañía como Uber. Un modelo de bicicleta autónoma en flotas de bicicleta compartida tendría una utilidad añadida, al facilitar el transporte y la gestión de estos servicios. De momento, en este punto las bicicletas autónomas sí tendrían sentido.

Más allá de esta última apuesta, los intentos registrados en la industria de la bicicleta han sido más bien escasos. Hace unos años, algunas compañías como la alemana CoModule sí que trataron de sacar adelante un proyecto. Sin embargo, parece que a la bicicleta autónoma le resta todavía tiempo para ser una realidad.

Motos autónomas: ya están aquí

motos autonomasEl caso de las motos autónomas es algo diferente. Y es que ya ha habido varios fabricantes de referencia en la industria que se han atrevido con el lanzamiento de modelos autónomos. Hablamos de prototipos de Salón con vocación futurista.

De este modo, podemos encontrar dos ejemplos en los últimos años con la Yamaha MOTOROiD o el sistema Honda Riding Assit que le fabricante nipón ha aplicado a la NC750S. En ambos casos no se plantea una conducción autónoma plena al ámbito del motociclismo, sino más bien la asistencia al conductor.

El sentido de las tecnologías que montan lo demuestra así. Y es que, aunque presentan prestaciones como las de ir a buscar al conductor de forma autónoma, su diseño y forma de ser es la de que sean pilotadas. En ese aspecto, ambos ejemplos presentan un sistema de autobalanceado que aumenta la seguridad.

En este punto, las tecnologías de pilotaje asistido de las motos (y de las bicicletas, si se desarrollan y aplican) podrían mejorar la seguridad para los conductores de las mismas. Ese es el primer paso que se vislumbra para este tipo de vehículos. Se trata de una primera etapa en la que los coches ya están metidos de lleno y que la próxima década se encargará de destapar

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